Impactación o retención fecal ¿Qué es y cómo tratarla con éxito?

¿Sientes que tienes heces duras y bolas de excremento que no puedes expulsar? ¿Tus evacuaciones son pequeñas y están mal formadas? ¿Necesitas hacer un enorme esfuerzo en el inodoro? ¿Llegas a sangrar por el recto? Ese “atasco”, que se suele dar en el recto pero que puede alcanzar los intestinos, se conoce como impactación o retención fecal. En un primer momento puede confundirse con un estreñimiento pues se comparten síntomas, entre ellos, el más obvio, no ir al baño durante días y días.

Sin embargo, este problema es más grave y requiere de tratamiento puesto que sus consecuencias pueden llegar a ser bastante graves. A continuación, trataremos el tema de la retención de heces y sus síntomas así como, por supuesto, los motivos y causas que la originan y su completo tratamiento.

¿Qué es la impactación de heces y cuáles son sus causas?

La impactación fecal no es otra cosa más que, dicho rápidamente, la obstrucción de heces en el ano. Esta patología también se conoce como fecaloma.

Por supuesto, no se trata de un episodio de estreñimiento sino que es un problema mucho más grave. De hecho, se considera como tal al hecho de que las heces se conviertan en una masa única que ha llegado a atascarse en nuestro recto.

Realmente, son muchísimas las causas que pueden dar lugar a este problema, aunque podemos agruparlas en las siguientes:

  • Uso inadecuado de fármacos: Tomar analgésicos opioides y narcóticos (fuertes relajantes del tipo de la oxicodona o la codeína), usar laxantes durante demasiado tiempo (sobre todo si su uso termina drásticamente), cortar las heces líquidas con antidiarreicos a menudo y combinar ciertos medicamentos hará que, posiblemente, sufras de estreñimiento, el cual puede escalar con facilidad al grado de impactación fecal.
  • Sedentarismo: La falta de actividad hace que los intestinos no se muevan, de manera que se dificulta la expulsión de heces. Además, las digestiones suelen ser pesadas si mantenemos un alto grado de inactividad. Estar acostado o sentado es mucho más grave que permanecer inactivo pero de pie.
  • Dieta desequilibrada: Una dieta alta en grasas procesadas, saturadas, en alimentos preparados y con gran cantidad de conservantes y azúcares e hidratos de absorción rápida.
  • Cambios bruscos de alimentación: Si durante un gran tiempo tu alimentación cambia por completo o varía en demasiadas ocasiones, tu organismo no sabrá cómo reaccionar y es posible que se vuelva oclusivo. Los viajes, la ingesta incontrolada por ansiedad, las vacaciones, el uso de complementos o suplementos alimenticios y demás son los principales causantes.
  • Deshidratación: Beber poco líquido hace que las heces sean más duras pues, con este, se reblandecen; es algo que puedes notar tú mismo aumentando la ingesta de agua un par de días. La hez dura y seca es mucho más difícil de proyectar al exterior, pudiendo incluso producirnos dolor y desgarros anales pequeños. Además, el agua es indispensable para el buen funcionamiento de todas nuestras células, incluidas las que se relacionan con las funciones digestivas y de excreción; unas células que no trabajan bien dificultarán el normal funcionamiento del organismo (a todos los niveles).
  • Estreñimiento no tratado: Si has sufrido de estreñimiento crónico y no lo has tratado o este tratamiento no ha sido adecuado es posible que incluso sus pequeños efectos se hayan revertido, haciendo que la situación empeore.
  • Nervios dañados: Cualquier enfermedad que incluya que se dañen los nervios que mandan las órdenes a los músculos que trabajan durante la defecación imposibilitará que estos trabajen adecuadamente y dificultará, por ende, ir al baño. También se pueden dañar estos nervios por sufrir un accidente o como un resultado de mala praxis en una intervención quirúrgica compleja.
  • Trastorno psiquiátrico: Ciertas enfermedades psiquiátricas pueden dar lugar a ello, de una manera puramente condicionada por la mente. También podría ocurrir por someternos a un fuerte tratamiento para dicho trastorno.

Retencion de heces en el colon

¿Qué síntomas presenta la retención fecal?

Los síntomas de heces acumuladas que vas a notar si estás sufriendo este problema son:

  • Evidentemente, la imposibilidad de defecar. Vas a tener ganas de ir al baño puesto que tienes un cúmulo de material de desecho ocupando tu recto, tu colon e incluso tu intestino. Sin embargo, a la hora de sentarse en el WC, resulta imposible evacuar.
  • Dolor que puede darse en el abdomen acompañado de cólicos y distensión, por retención extrema, pero también puede llegar incluso a la espalda si se presionan los sacros, alcanzando el grado de lumbalgia, y también de cabeza.
  • Las náuseas por atasco y mezcla de alimentos procesados y sin procesar son frecuentes y se pueden acompañar de vómitos.
  • El empuje y el roce de las heces secas puede hacer que sangres.
  • Las pocas heces que expulsas son de pequeño tamaño y no se han terminado de formar.
  • Nos encontramos también con que puede existir cierta dificultad para miccionar, que se puede acompañar, o no, de presión de vejiga y pérdida de control de la vesícula.
  • Puede darse encopresis, con episodios de fugas diarreicas muy acuosas e incluso con diarrea explosiva.
  • Es común perder el apetito puesto que nos sentimos llenos y, literalmente, taponados.
  • Finalmente, no podemos dejar de indicar que un problema de retención de heces prolongado puede llevar, incluso, a que se produzcan problemas circulatorios, respiratorios y de tensión.

Cuando se tiene el intestino lleno de heces es muy común notar muchos de los síntomas anteriores. Como ves, muchos son similares a los que se dan con el estreñimiento. Sin embargo, es más que evidente que se trata de una patología mucho más grave, que incluye incluso problemas para orinar, dolores de espalda y otros aspectos que no aparecen cuando simplemente “nos cuesta ir al baño”.

¿Cuál es el mejor tratamiento para eliminar la compactación fecal?

Obviamente, el interés de nuestros lectores radicará en poder deshacer su tapón de heces. Lo primero que se debe hacer es conseguir un diagnóstico adecuado. Para ello, se realizará un examen visual y un tacto rectal. Mediante la palpación es posible que incluso se detecten grandes masas de hez en la zona del estómago.

En el caso de deposiciones cambiantes, seguramente se solicite también una colonoscopia, más que nada para descartar problemas de gravedad, como algún tipo de cánceres u otras enfermedades relacionadas con el ano y recto.

Una vez hemos sido diagnosticados con retención fecal (fecaloma), se deben extraer los bultos de excremento acumulados. Para ello, se aplica un enema lubricante, si bien, hemos de decir que, en la mayoría de los casos, se precisa de ayuda manual.

  • Dicha extracción manual consiste en despedazar la bola retenida introduciendo un par de dedos por el ano y llevándolos, por el recto, hasta la materia fecal.
  • Una manera de ablandar heces retenidas y facilitar este proceso, evitando en la medida de lo posible que se produzcan daños en la zona anorectal es el uso de supositorios entre intento e intento.

Semillas de lino dorado para tratar la retencion fecal

Así es como se debe actuar para sacar las heces del ano de manera segura. Después, y en casi todos los casos, es necesario que se dé un reentrenamiento intestinal. Este se diseña en base al historial clínico del paciente, sus patrones intestinales, el uso de fármacos y otros problemas médicos anteriores y actuales.

El programa incluye la formación para el uso de laxantes y otros fármacos, recomendaciones en la dieta, ejercicios específicos y actividad física general más favorecedores, técnicas de reentreno, etc. Por lo general, este requiere de seguimiento.

Independientemente de que se dé una reeducación intestinal, se deberán seguir a pies juntillas una serie de pautas relacionadas con la alimentación y la hidratación:

  • Eliminar de la dieta, al menos durante unos meses, alimentos procesados, grasas trans, azúcares, productos industriales etc…
  • Consumir mucha más fibra: más porciones de fruta y verdura y arroces, pastas y cereales integrales.
    Sustituir alimentos demasiado almidonados por otros más naturales como la pasta convencional por la pasta de garbanzo o lenteja.
  • Tomar salvado de trigo y semillas de lino dorado.
  • Apostar por platos húmedos como guisos, caldos, gazpachos, cremas…
  • Tomar lácteos fermentados.
  • Sustituir platos ricos en hidratos rápidos por otros con alto contenido en proteína (aunque no exclusivamente proteicos).
  • Por supuesto, aumentar la ingesta de agua tanto pura como en bebidas y comidas. Se han de beber dos vasos de agua pura por cada diez kilogramos de nuestro peso. Además, debemos tomar alrededor de tres o cuatro vasos de agua en otros formatos (caldos, agua con sabor, infusiones, tisanas, café, gelatinas…)

Además, se recomienda encarecidamente modificar ciertos hábitos para que nuestro estilo de vida sea más activo:

  • En la medida de lo posible, se aumentará la actividad física a realizar:
    • Algunos ejemplos sencillos son olvidarse de los ascensores, ir a hacer la compra andando (con un carro o mochila), utilizar máquinas sencillas de ejercicio a pedales cuando estemos sentados, limpiar a menudo…
    • Si bien, lo ideal es dedicar algunas sesiones específicas de actividad física cada semana (entre tres y cuatro sería suficiente). Estas deben incluir andar rápido o correr (no trotar), levantamiento de piernas, contracciones abdominales (incluidas las dorsales), práctica de deportes como el tenis o el baloncesto, realización de yoga…
  • Sustituye horas de ocio sentado (ver la tele, estar frente al ordenador) por tiempo de ocio activo (juegos infantiles en familia, carreras benéficas, voluntariado en asilos o asociaciones animales, juego con mascotas, ir de compras, hacer turismo…).
  • Crea un hábito defecatorio. Poco a poco, aprenderás a escuchar a tu organismo e ir al baño cuando lo necesite. Con ejercicio y una dieta equilibrada, esto será, además, cada vez más regular.

Es posible, aunque muy poco probable, que se recurra a la cirugía si el problema es de magnitudes que escapan a nuestro control. Ello suele ocurrir cuando el colon se ha sobredilatado debido al tamaño y la cantidad de las heces en nuestro interior, o bien si el intestino se ha obstruido por completo.

En el caso de reincidentes, se prescribirán medicamentos preventivos, que incluyen laxantes para uso esporádico, docusato o ablandadores, glicerina o bisacodilo en balines, entre otros medicamentos.


¿Has sufrido de coprolito en alguna ocasión? ¿Cuales fueron tus pautas para regular tu colon e intestino? Danos tu experiencia y compártela con los demás lectores, gracias!

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Artículo revisado:
【 IMPACTACIÓN - RETENCIÓN FECAL 】 ¿Que es y como tratarlo?
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Este artículo ha sido revisado por el equipo médico de Hemorroides.club

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